
Si bien, entre las características que definen los procesos de globalización anteriormente mencionada, se destaca, la reducción de la presencia del Estado en la actividad económica, la privatización de las actividades productivas de carácter público y la reducción del papel de las políticas redistributivas, industriales y regionales, donde el Estado solamente sería responsable de mantener estable el marco macroeconómico y de crear las condiciones para que los factores de acumulación de capital funcionaran adecuadamente, desde principios de los años ochenta se produce un profundo cambio en la política económica, cuando los actores locales y regionales inician acciones encaminadas a incidir sobre los procesos de crecimiento de las economías locales. Se inicia, así, la política de desarrollo local que constituye una respuesta de las comunidades locales a los desafíos que presentaba el cierre de empresas, la desindustrialización y el aumento del paro.


El cambio de paradigma tecno económico, producto de la sociedad del conocimiento, trajo consigo innumerables transformaciones radicales en el escenario económico y en la organización de la producción de bienes y servicios. En el nuevo escenario globalizado a partir de la apertura económica y la preponderancia de las nuevas tecnologías de la información, se da lugar a la respuesta desde lo local, prestando especial atención a las ventajas competitivas dinámicas aportadas desde el territorio.